Por Carlota Cels de Molina, tutora de 6º Educación Primaria

Hace un tiempo, concretamente hace algo más de tres años, antes de que la Fundación Trilema asumiera la titularidad del colegio, la palabra porfolio no me decía nada, al menos nada especial.

Actualmente, esta simple palabra me ha inspirado para escribir mi primer artículo en nuestro blog.

El porfolio nace el día del Desafío Inicial. Ese maravilloso día en el que los alumnos descubren el nuevo proyecto que los va a acompañar durante unas cinco semanas.

Cada uno de ellos, emocionados, abren el que será su porfolio y lo ojean, es como un ritual. Pero está vacío, está todo por hacer.

Día a día, casi sin darnos cuenta, esas páginas se van llenando de propósitos, ideas y trabajo, mucho trabajo.

Los docentes planeamos cómo será ese porfolio, en líneas generales, pero cada porfolio pertenece a quien lo elabora, y esos son los alumnos y alumnas de nuestro centro, desde los más pequeños a los mayores.

Se trata de un reflejo de su aprendizaje, de una herramienta con la que desarrollar su creatividad y por ello, no hay dos porfolios iguales, ese es su principal atractivo.

Tarea a tarea, cada vez son más las páginas que se van completando y el conjunto va tomando cuerpo y personalidad propia. De vez en cuando observas a un alumno que arregla un título, pinta algo que quedó sin pintar o corrige alguna falta, como el pintor detallista que retoca y perfecciona su obra, eso es para ellos su porfolio; su obra maestra.

Y, como los grandes artistas, llega el día de la exposición, para nosotros ese día es la Celebración del Aprendizaje. La emoción se siente en las caras de cualquiera; alumnos y profesores. Después de explicar todo lo que han aprendido y de mostrar el producto final, cada uno de los niños y niñas se busca un lugar, coge su porfolio y pregunta: – ¿Quieres ver mi porfolio?

Es maravilloso ver y oír cómo cada uno le narra a su familia todo lo que han hecho, y aprendido a lo largo de esas semanas. Gracias al porfolio se puede ver, de una manera muy tangible, cómo han trabajado, cómo se han superado, cuánto ha aprendido y también cuánto han disfrutado.  Una diana de evaluación aquí, una estrategia de cooperativo allá, una destreza de pensamiento que les costó mucho esfuerzo, pero de la que están orgullosos, las tres metacogniciones, y muchas evidencias más que encierra su tesoro más preciado; su porfolio.

El vínculo que se establece entre cada alumno y su porfolio es especial y en cierto modo les da pena cerrarlo cuando se termina un proyecto, es como una despedida.

Pero lo mejor de cerrar ese porfolio es que muy pocos días después, los alumnos llegan al cole, transformado y lleno de sorpresas, lo que significa que empieza un nuevo Desafío Inicial y con él… Un nuevo porfolio.

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